EL INCENDIO SIGUE ARDIENDO
EN LA VIDA DE EDUARDO
Cuando empezó a arder la Sierra de Gata, la noche del 6 de agosto de 2015, Eduardo saltó de la cama y subió corriendo al monte, a intentar salvar a sus ovejas. En aquel infierno, se le quemaron las manos mientras intentaba apagar el fuego que prendía su majada y sus ovejas. Casi 8.000 hectáreas –sobre todo de pinares- ardieron en aquel terrible incendio, que marcó a Eduardo y a otros muchos habitantes de aquella preciosa comarca de Extremadura.
Porque un incendio nunca acaba cuando se apagan las llamas. Aunque el verde vuelve pronto a brotar, las heridas ambientales y sobre todo humanas que dejan los incendios, tardan mucho más en curarse. Con los montes, los bosques y los paisajes arden formas de vida, recuerdos, esperanzas… Los incendios no pueden seguir reduciendo a cenizas el futuro de tantas comarcas rurales.